2. La naturaleza de la infancia

Los desarrollos físico, emocional y cognitivo se encuentran sutil y complejamente unidos. Esta visión sostiene e impregna cálidamente el día a día de los primeros años, que se estructura para responder a las cambiantes necesidades del niño durante cada fase.

En cada etapa evolutiva el niño presenta un conjunto determinado de características físicas, emocionales e intelectuales que requieren una determinada respuesta educativa (empírica). Esa es la base de la educación basada en el niño. El período formativo anterior a la segunda dentición se considera el periodo de máximo crecimiento y desarrollo físico. Las estructuras del cerebro son elaboradas y refinadas, proceso que no finaliza hasta el cambio de dientes, y hasta entonces el método primordial de aprendizaje del niño es la acción y la experimentación. El niño "piensa" con todo su ser físico.

La naturaleza de este aprendizaje primigenio debería ser motivadora, permitiendo el niño conocer el mundo de la manera más conveniente a su edad, por medio de la sensación activa, tocar, explorar e imitar. En otras palabras, por medio del hacer. Solo cuando aparecen nuevas capacidades, cerca de los siete años, solo entonces está preparado el niño física, emocional e intelectualmente para comenzar a desarrollar sus capacidades intelectuales. Antes de los siete años, las fuerzas vitales en el niño están ocupadas en construcción de su cuerpo físico hasta el momento que se produce el cambio de la segunda dentición. Todos sus organos (higado, corazón, estómago, cerebro...) se desarrollan durante los siete primeros años. Podríamos decir que intelectualizar al niño antes del cambio de dentición sería mermar parte de esas fuerzas vitales, lo cual repercutiría posteriormente en su salud psiquica y física.